Cuando el rey Jaime I de Mallorca supo de la enfermedad asmática que sufría su hijo Sancho, mandó construir un palacio en la localidad mallorquina de Valldemossa, para que los sanos aires de la Sierra de Tramontana mejorasen su estado.
Fue así como a principios del siglo XIV comenzaba a erigirse este singular castillo de estilo rural en el que el entonces príncipe Sancho, después rey de la dinastía mallorquina, solía pasar largas temporadas, especialmente dedicando numerosas jornadas a la caza.
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Casi un siglo después, en 1399, el rey Martín I de Aragón decidió ceder el palacio, que dejó de ser residencia real para pasar a transformarse en monasterio, surgiendo así la Real Cartuja de Valldemossa.








